Aromas



  Me retorcí como la voluntad de un resorte, caí casi sin pretextos.
  Tu voz goteaba del teléfono y yo quizás te escuché...
  La mermelada dijo mi nombre y de entre los hojaldres
mis manos con vainilla se saborizaron...
  Ahora comenzaba a entender;
los granos de café en el piso,
la melodía de pan, negras y semifusas,
mi tobillo atrapado en la audacia de las sabanas,
tus pestañas creando vida,
el mito de Aquiles.
  Y allí estabas una vez más
desayunada por mi...
con los aromas de la mañana.

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