Inquietamente, tú








Estas inquieta y tu no quietud refleja lo que nos sucede.
Nos sucede el universo.
Nos sucede el tiempo.

Estás inquieta siempre y para siempre. 
Sabes que la quietud no existe como tal, el caos nos atraviesa.
Tu inquietud es piadosa ante el intento de distraerte con mi tediosa inocencia.

¿Qué voy a hacer contigo? Si la noche finge quietud con un manto de cristal que colapsa al amanecer.
Todo es información, y la información es ruido, me susurras al oído.
¿Qué voy a hacer contigo y con esa inquietud que me empuja como la incesante necesidad de parpadeo?
Eres todo lo que me inquieta y lo sabes.

¿Qué voy a hacer contigo? Tan frágil y poderosa.
Me duele tu frustración porque la hago mía.
Quizás no sepa como guiarte.

Quizás tu inquietud esté mas allá de mi comprensión.
Te miro que miras, pero no veo lo que ves.
A veces quisiera dejarte sola para no cortar tu vuelo,
pero me arrolla la culpa de no intentar lo suficiente.

Me llena de curiosidad el saber hasta dónde llegarás, cuántos límites habrás de superar.
Tu sueñas despierta y así despiertas mis sueños.

A esta altura de la vida no me da vergüenza admitir que no comprendo del todo tus cómo, tus porqué y para qué.
Sin embargo eres todo lo que me guía.

Tu tan inquieta yo tan esquivo.

Y aún así nos embarcamos, a la búsqueda de un puerto,
una tierra perdida o un abismo sin retorno.

 Aquí estoy con trémulo coraje izando velas, sabiendo que has estado siempre para mí, 
empujándome a este viaje de vida que es de ida,
para perder falsos amarres y encontrarnos,
para conocernos y quizás al fin aprender a amarnos.

Tú y yo, mi querida e inquieta mente.

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